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Inicio / Ser padres / Por qué son importantes los cuentos para la salud mental de los niños

La lectura como herramienta para ser más conscientes

Para conmemorar el Día Mundial de la Salud Mental, que se celebra el 10 de octubre, hemos pedido a nuestro bloguero invitado (y padre) Jamie Day que nos cuente cómo compagina la paternidad de hoy en día con su enfermedad mental y por qué los cuentos son tan importantes para él y su familia.

Desde que me convertí en padre en 2012, he usado la publicación de artículos en blogs, los medios sociales y la difusión de pódcast para promover la paternidad actual y, desde hace un tiempo, también para concienciar sobre salud mental. Este cuerpo de papi fofisano ya tiene muchos proyectos sobre paternidad y salud mental a sus espaldas y he visto un poco de todo en este ámbito. Creo que es fundamental que, como padres, hagamos todo lo posible para asegurarnos de que nuestros hijos tengan las herramientas necesarias para gestionar sus emociones y su bienestar psicológico.

Los niños tienen una mente que desborda asombro, imaginación y creatividad, pero también puede agobiarse por preocupaciones que les resulta difícil procesar y expresar. Los niños de hoy en día se ven sometidos a mucha presión relacionada con la obtención de buenos resultados académicos y la práctica de deportes, las noticias alarmantes sobre la destrucción de nuestro planeta, la gestión de la presión social, etc. Y, en medio de todo esto, se les pide que sonrían y posen felices para las fotos que sus padres publican en Instagram. Por eso no es de extrañar que puedan sentirse abrumados; de hecho, aproximadamente el 10% de los niños tiene una enfermedad mental diagnosticable.

Yo mismo sufro desde hace mucho tiempo problemas de salud mental y escribir es una de las formas que tengo de intentar descansar de los pensamientos e ideas que invaden mi cabeza y me impiden concentrarme. A veces anoto lo que me preocupa, me pongo a redactar un nuevo artículo para mi blog o empiezo a escribir un cuento infantil (que seguramente acabará olvidado en un ordenador para siempre), o rasgueo mi guitarra y me pongo a componer la letra de alguna canción (que seguramente cantaré a mis perros cuando no haya nadie en casa). Valoro mucho estos pequeños momentos creativos porque me ayudan a romper con el ciclo de negatividad que me carcome a veces.

Además de escribir, también me parece muy gratificante leer. No me refiero a tragarme Guerra y Paz en una tarde, nooo. Puede ser simplemente leer algún artículo de una revista, los titulares de las noticias o un par de capítulos del libro que tenga en la mesilla de noche. Se trata de momentos sencillos pero muy enriquecedores que me permiten calmarme, reflexionar y estar en mejores condiciones para expresar cómo me siento cuando hablo con mis amigos, mi familia… o mis sufridos perros.

Soy un adulto, por lo que soy capaz de reconocer y valorar la importancia de leer, escribir y expresar mis sentimientos, pero para los niños también es fundamental poder expresarse. Un informe de la National Literacy Trust, “Mental wellbeing, reading and writing” (Bienestar psicológico, leer y escribir), analiza el vínculo que existe entre el bienestar psicológico de los niños y cómo se relacionan con la lectura y la escritura. A partir de una encuesta realizada a más de 50 000 jóvenes de entre 8 y 18 años del Reino Unido, el estudio reveló que los niños y jóvenes con un nivel de alfabetismo más alto tenían un mayor bienestar psicológico respecto a los que tenían un nivel de alfabetismo más bajo. Este informe también incluye un nuevo análisis de la University College London en el que se señala la existencia de una relación constante entre salud mental y capacidad de comunicación: los niños que tiene una capacidad de comunicación baja obtienen peores resultados en salud mental.

Les he leído cuentos a mis dos hijos cada noche desde el primer día. Al principio, les colaba cuentos para ir a la cama en la rutina habitual para conseguir que se durmiesen (una tarea titánica). Pero, conforme iba pasando el tiempo y se hacían más mayores, vi claramente que los cuentos que oían estaban estimulando su imaginación, generando temas de conversación, suscitando preguntas, mejorando su vocabulario y, sobre todo, haciendo que se calmasen. Me di cuenta de que, después de otro día de peleas, visitas al baño, sesiones de pintura, juegos y ver (¡sí, otra vez…!) Peppa Pig, cada vez era más importante que la jornada acabase siempre con un cuento para antes de dormir. Creo que los niños están expuestos a muchísimas experiencias a lo largo del día y necesitan relajarse y encontrar un momento de paz y tranquilidad.

Ahora, sobre todo para mi hija de 6 años, leer y escribir forma parte de su vida y es mucho más que un ritual para ir a dormir. A veces se queda inmersa escribiendo sus propios cuentos (que suelen ser una copia más que evidente de cierto niño mago, ejem) y estos instantes de tranquilidad, que son solo suyos, son momentos de calma, pero también de concentración, que la ayudan a bajar el ritmo y desconectar de las presiones que incluso los niños pequeños tienen. Su vocabulario es amplio y es más sincera cuando se siente triste o un poco perdida. Aunque resulte perturbador saber que una niña de 6 años puede sentirse a veces desanimada, es extremadamente positivo que tenga la capacidad de expresar sus emociones en lugar de reprimirlas ahora que su alfabetización emocional es mayor.

Estoy convencido de que esto se debe en gran parte a cómo se relaciona con la lectura y la escritura. No somos para nada padres perfectos, hacemos muchas cosas mal (¿Alguien en la sala se ha olvidado de la excursión de final de curso del cole? Que levante la mano), pero me gustaría pensar que hay algo que hemos hecho bien, y es que tienen una relación sana con la lectura y la escritura y, gracias a ello, con un poco de suerte, también una relación más sana con su bienestar psicológico.

Soy admirador de Wonderbly desde hace mucho tiempo y recomiendo sus cuentos a todo el mundo, tanto si los niños son lectores avanzados como si están empezando a aprender leer. Nos regalaron “La niña que perdió su nombre” cuando mi hija era muy pequeña pero, a pesar de su corta edad, se mostraba cada vez más receptiva a medida que empezaba a entender que ella era la protagonista del cuento. De hecho, hay estudios que demuestran que la personalización de los libros puede tener un efecto extremadamente positivo en los niños. Al verse a sí mismos protagonizando maravillosas aventuras, son más receptivos al lenguaje, así como a los mensajes sociales, enseñanzas y valores que transmiten los cuentos, como el valor, la curiosidad o la amabilidad, unas habilidades sociales que desempeñan un papel muy importante en su bienestar psicológico.

Después de “La niña que perdió su nombre” Edie también recibió otro libro de Wonderbly: “You Are Extraordinary” (que, por ahora, no se ha publicado en español), un diario que refuerza su confianza y le da la oportunidad de explicar y celebrar sus logros, así como de gestionar y reducir sus preocupaciones. La personalización del libro y sus actividades y ejercicios, que alientan a tener una actitud positiva y una mentalidad de desarrollo personal, le ayudan a entender lo extraordinaria que es y a procesar lo que pasa en su pequeña y a menudo ocupada cabecita.

Soy padre de dos hijos y la concienciación sobre la salud mental ocupa un lugar central en mi trabajo, por eso soy consciente del valor de los cuentos y de lo importante que son para los niños. Los libros contribuyen a que los niños sean más creativos y estén mejor formados pero, lo que es más importante, a que tengan un mayor bienestar psicológico.

Jamie Day es un bloguero multipremiado, creador de pódcast sobre salud mental y, por si fuera poco, también es el padre de Edie y Arlo. Sus pódcast “Man Talk” (Conversaciones de hombres) conciencian sobre la salud mental de los hombres, normalizan este tema y desmontan estigmas al respecto. Para leer más historias felices, y también sobre la locura que es ser un padre moderno de hoy en día, consulta su fantástico blog: A Day In The Life Dad.

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