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Inicio / Ser padres / 8 cosas que cambian (de repente) al tener hijos

La fuerza de un amor que hace que todo cambie

Con el paso de los años, las cosas van cambiando: tus prioridades, tus gustos, tu forma de ver la vida… Es algo que sucede, especialmente, con la llegada de los hijos a la familia: prácticamente de un día para otro, se producen una serie de cambios bastante drásticos que hacen que cambie tu percepción a la hora de valorar ciertas cosas. Estos son solo algunos ejemplos que hemos recopilado para ti.

1. Tu historia de amor con los objetos bonitos llega a su fin

Te acuerdas perfectamente de ese día en el que tus ojos se cruzaron por primera vez con las curvas sinuosas y elegantes de ese maravilloso sofá afelpado de color azul celeste. Y entonces llegó el pequeño terremoto y empezó una nueva era: el sofá se convirtió en una cama elástica ideal para derramar todo tipo de líquidos y usar como pizarra. Como dice Elsa en Frozen: ¡Suéltalo! (ups, perdona si hemos hecho que esa canción vuelva a sonar una y otra vez en tu cabeza). Ahora ya te has acostumbrado a las manchas no identificadas, los garabatos y los restos de comida reseca. Tener cosas bonitas fue bonito mientras duró pero, vamos, solo es el sofá más precioso y único del mundo entero (suspiro).

2. Y empieza un nuevo idilio… con el baño, el único sitio donde nadie te molesta

Desde que tienes hijos te has aficionado a pasar momentos de tranquilidad en el baño. En tu vida anterior, te limitabas a entrar y salir de ahí sin estar realmente presente, digamos que no sabías disfrutar del momento. Pero, ¡qué insensatez! Hoy venderías a tu madre (lo siento, mamá) por poder disfrutar de un momento de placer en la soledad del baño. Oh sí, 5 minutos de tiempo para ti.

3. Se acabaron los pantalones superajustados

Con esos pantalones te sentías (más o menos) como recién salida de un anuncio de Levis. Sí, tardabas 45 minutos en ponértelos, pero fueron los [X cantidad obscena de dinero] mejor invertidos (o más bien derrochados) de tu vida. ¿Que todavía te caben? Bueno, echa un vistazo, porque puede que esa dulce personita haya vomitado encima (y dentro) de ellos. Al fin y al cabo, parece que el chándal vuelve a estar de moda…

4. Eres muy fan de cualquier restaurante que tenga mesa para cambiar pañales

¿Qué requisitos debe cumplir un buen restaurante? ¿Comida casera y ecológica? ¿Vistas al mar? Bueno, eso era antes. Pero ahora te encanta la idea de comer pasta pasada con salsa de tomate industrial en un restaurante con un parque de bolas y las paredes llenas de payasos. Siempre y cuando tenga una buena mesa para cambiar pañales y haya mucho espacio para el carrito. Todo lo demás, es secundario.

5. Por fin (y sin que sirva de precedente) valoras lo que tus padres hicieron por ti

Es invierno, hace frío y vas por el decimocuarto cambio de pañales. En ese momento tienes una revelación: tus padres hicieron todo esto por ti. Y como hace unos 2.000 días que no duermes (ni bien ni mal, simplemente no duermes), te echas a llorar. Son unas lágrimas de efectos retardados, algo parecido a la gratitud. Nunca se lo dirás (tampoco hay que pasarse) pero, la próxima vez que los veas, el abrazo durará un nanosegundo más.

6. Algunos parientes lejanos se convierten en tus mejores amigos

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Tampoco es que tuvieras una gran amistad con la prima Flora. No tenéis nada en común y su bizcocho de yogur está seco y duro como una piedra. Peeero, le encantan los niños y está deseando cuidar al tuyo. Piénsalo bien, tal vez hayas sido un poco injusta con ella todo este tiempo… y hay que reconocer que su bizcocho no está tan mal si lo mojas en leche.

7. La palabra ‘odio’ suena un poco fuerte, pero sí, ODIAS las puertas

¿Te acuerdas cuando usabas las puertas como el resto de los seres humanos? Dejabas pasar a otras personas educadamente y las cerrabas con destreza mientras sostenías un par de Martinis con esos dedos de perfecta manicura francesa. Pues ahora las puertas se han convertido en todo un reto. Es como si los diseñadores de la Liga Antipuertas se hubiesen puesto de acuerdo para medir carritos y estrechar las entradas a propósito para fastidiar. ¡Vamos, tú puedes! Coge carrerilla y atraviesa esa puerta sin mirar atrás.

8. Has descubierto un nuevo amor, distinto de todos los demás

El primer día fue inolvidable, la primera semana fue como un sueño y el primer año, bueno… menudo reto. Una etapa llena momentos complicados, preocupaciones e inseguridades, siempre entre el llanto y la risa. Y en el centro de todo, un pequeño ser se iba abriendo paso para convertirse en el mayor motivo de felicidad y alegría de tu vida. Un amor incondicional e infinito que hace que todo cambie.

Esa personita se merece un regalo muy especial…

El nacimiento de un hijo es un acontecimiento que marca un antes y un después. Y conforme va cumpliendo años, los cambios se multiplican y todo se pone más… interesante. Nuestro libro, El niño/La niña que perdió su nombre, está especialmente creado para cada niño y es el regalo perfecto para celebrar un acontecimiento único. Cumpleaños, bautizos y cualquier otra ocasión. Un regalo para toda la vida.

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